Un comprador decide en la primera pantalla. Estos son los seis bloques que sirven, en qué orden van y qué puedes borrar sin perder una sola venta.
Sailo team11 min de lectura
«El link está en la bio.» Lo dices en cada publicación. Y sin embargo el enlace tiene visitas y no tiene pedidos, lo cual es peor que no tener visitas, porque significa que la gente llegó y decidió que no.
En el link de la bio va tu catálogo con precios, y nada que estorbe eso. Producto, precio, opción de compra. Si la primera pantalla no contesta qué vendes y cuánto cuesta, el resto de la página no importa, porque nadie va a llegar ahí.
Camila vende velas de soya en Lima a S/ 35 la mediana. Su enlace tenía, en este orden: una foto de ella, un párrafo sobre su historia con el aceite esencial de eucalipto, tres botones de redes sociales, y hasta abajo los productos. La gente llegaba desde una foto de una vela. Lo primero que veía era una biografía.
Un comprador que toca tu enlace tiene tres preguntas y aproximadamente cuatro segundos de paciencia:
Si alguna de las tres necesita desplazarse, tocar o adivinar, la respuesta que el comprador da es irse. No te lo dice, no te escribe, no aparece en ninguna estadística como «se fue por falta de precio». Simplemente el número de pedidos es más bajo de lo que debería y no sabes por qué.
La prueba es fácil de hacer y casi nadie la hace: abre tu propio enlace en el teléfono de otra persona, no en el tuyo. En el tuyo tienes la sesión iniciada, las imágenes están en caché y todo aparece al instante. El comprador ve otra cosa, en otra red, con otro tamaño de letra.
1. Tu nombre y qué vendes, en una línea. «Velas de soya hechas en Lima. Envío a todo el Perú.» No «bienvenida a mi espacio de bienestar». La persona ya sabe quién eres, viene de tu perfil; lo que no sabe es si vendes lo que ella quiere y si le llega.
2. Los productos, con precio y foto. Este es el bloque. Todo lo demás es apoyo. Cada producto necesita una foto que se entienda en miniatura, un nombre corto y un precio visible sin tocar nada.
3. Las opciones dentro de cada producto. Tamaño, aroma, color, cantidad. Dentro de la ficha del producto, no en un mensaje que el comprador te tenga que escribir.
4. El envío, con números. Cuánto cuesta, a dónde llega, en cuántos días. Un rango honesto vale más que una promesa que vas a incumplir.
5. Cómo se paga. Los métodos que aceptas, escritos. Si es transferencia, los datos completos. Si es contra reembolso, en qué zonas.
6. Cómo contactarte, al final. Un botón de WhatsApp. Al final, porque si está arriba se convierte en la ruta por defecto y vuelves a contestar preguntas que la página ya contestaba.
Eso es todo. Seis bloques.
Esta lista incomoda a mucha gente porque son las cosas en las que más tiempo se invierte.
Una lista de botones existe para señalar hacia otro lado. Nunca es el destino. Esa es su función y la cumple bien.
El problema es que como tienda añade un paso justo en el momento más frágil, que es cuando la persona tiene que salir de la aplicación en la que estaba cómoda. Toca el perfil, toca el enlace, ve seis botones, elige mal, vuelve, elige otro, carga un segundo sitio. En el camino se cayó la mitad.
Si tu enlace apunta a una página que apunta a otra página, tienes dos páginas y ninguna tienda.
La versión corta es: post, toque, compra. Tres pasos. Todo lo que agregues entre el segundo y el tercero se paga en pedidos.
Revisa tu página buscando estos tres. Casi siempre falta al menos uno.
| Número | Dónde va | Qué pasa si falta |
|---|---|---|
| Precio | En la ficha, visible sin tocar | La persona te escribe «precio?» y esperas dos horas a que responda |
| Costo de envío | Junto al precio o en una línea fija arriba | El comprador arma el pedido y abandona al ver el total |
| Días de entrega | En la ficha o en el encabezado | Te escriben «¿para cuándo llega?» y ahí se va la venta de un regalo |
El costo de envío es el que más pedidos mata en silencio. Alguien decide comprar una vela de S/ 35, llega al total y ve S/ 55. No es que S/ 20 de envío sea caro; es que apareció al final. Si el envío es alto porque tu país es grande, dilo arriba y ofrece un umbral: «Envío gratis desde S/ 120.» Ahora el número no es una sorpresa, es una meta. Cómo llegar a ese número sin perder plata está en cómo calcular el envío.
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Un comprador que no te conoce está haciendo una apuesta: manda dinero a una persona que vio en internet y espera que llegue una caja. Lo único que baja esa tensión es que otra persona ya lo hizo y lo cuenta.
En Sailo las reseñas están en todos los planes, incluido el gratuito. El comprador deja su nombre, una calificación de una a cinco estrellas y, si quiere, un texto. Y hay un detalle que conviene entender bien: nada aparece publicado hasta que tú lo apruebas. Hay una página de moderación y las reseñas llegan ahí primero.
Eso es bueno y es una responsabilidad. Bueno, porque un comentario de alguien que se equivocó de tienda no te arruina la página. Responsabilidad, porque si apruebas solo las de cinco estrellas, tu página termina con veinte reseñas perfectas y ninguna creíble. Una de cuatro estrellas que dice «tardó dos días más de lo que decía pero la vela es preciosa» convence más que diez perfectas, porque suena a persona.
Tu dirección es parte del mensaje. En Sailo queda como sailo.store/tunombre y está activa desde que te registras, sin espera ni configuración de dominio.
Usa el mismo nombre que usas en Instagram y en WhatsApp. Si en Instagram eres @velasluma, que el enlace sea sailo.store/velasluma. Parece un detalle menor y no lo es: la gente reconoce el nombre en la barra de direcciones y eso es la mitad de la confianza en el primer segundo. Un enlace con números al final o con guiones raros parece reenviado por alguien más.
Los seis bloques valen igual, pero cambian dos de ellos.
Servicios. Antes de reservar, la persona necesita saber cuatro cosas: cuánto dura, dónde ocurre, qué días hay hueco y con cuánta antelación hay que avisar. En Sailo un servicio lleva duración, ubicación, selector de fecha y período de aviso. Ese último campo es el que más gente deja vacío y el que más problemas evita: es lo que impide que alguien te reserve a las once de la noche para mañana a las nueve.
Escribe la ubicación con precisión aburrida. «A domicilio dentro de Miraflores y San Isidro» es útil. «Lima» no lo es, y te vas a enterar el día que aceptes una reserva a cuarenta minutos de tu casa por el mismo precio.
Archivos y productos digitales. El archivo se desbloquea cuando el pago queda confirmado, y se pueden fijar un límite de descargas y una fecha de caducidad para el enlace.
El detalle que hay que escribir en la página: si cobras por transferencia, el pago lo confirmas tú, no un sistema. Eso significa que entre la compra y la descarga pasa el tiempo que tardes en mirar el banco. Dilo antes, en la ficha: «La descarga se habilita cuando confirmo el pago, normalmente el mismo día.» Un comprador que paga a medianoche esperando descargar al instante y no puede, te escribe tres veces antes del desayuno.
Los números antes de cambiar nada: el enlace recibía unas 400 visitas al mes desde el perfil, y salían entre 9 y 12 pedidos. S/ 35 la vela mediana, S/ 58 el pack de dos.
Reordenó la página en una tarde. Subió los productos hasta arriba, bajó su historia al final, quitó los botones de redes del encabezado y puso una sola línea arriba: «Velas de soya, hechas en Lima. Envío a Lima en 24 horas, S/ 12. Provincias 3 a 5 días.»
Después hizo dos cosas más. Puso el pack de dos primero en la lista, porque es el que deja mejor margen, y agregó las cuatro reseñas que ya tenía en mensajes privados, pidiéndole permiso a cada clienta y dejándolas pasar por la moderación.
Los pedidos subieron a un rango de 17 a 20 al mes con el mismo tráfico. Lo interesante no es solo el número: la mezcla cambió, porque el pack de dos pasó de ser una minoría a ser casi la mitad de los pedidos por el simple hecho de aparecer primero. El orden de la lista es una decisión comercial, no un detalle de diseño.
Una página ordenada convierte mejor a quien ya llegó. No trae a nadie.
Si tienes 400 visitas al mes, reordenar la página te puede llevar de 10 a 18 pedidos. No te va a llevar a 60. Para eso hace falta que más gente llegue, que es un trabajo distinto y está en cómo conseguir los primeros pedidos.
Y hay un límite práctico que conviene conocer antes de empezar a cargar productos: el plan gratuito de Sailo permite 10 productos y guarda 7 días de estadísticas. Para la mayoría es suficiente y hasta saludable, porque obliga a elegir. Pero si vendes ropa y cada talla y color es un producto separado, 20 se te acaban en una colección. El plan Pro cuesta 19 USD al mes o 180 USD al año, sube a 100 productos, guarda un año de estadísticas, quita el distintivo de Sailo de la página y permite exportar en CSV. Los dos incluyen cobro con tarjeta, al 3% en el gratuito y al 2% en Pro, y además necesita una cuenta de Stripe aprobada, que no está disponible en todos los países de la región.
Tampoco hay aplicación para el teléfono. Se administra desde el navegador, lo cual funciona bien en la práctica, pero no vas a tener un ícono en la pantalla de inicio.
Toma el teléfono de alguien más. Abre tu enlace. Sin desplazarte, contesta en voz alta: qué se vende aquí, cuánto cuesta lo primero que veo, cómo lo pido.
Si dudaste en alguna, ya sabes cuál es el bloque que hay que mover. Sube los productos, baja todo lo demás, y agrega la línea de envío arriba. Después revisa las fotos, porque una ficha con precio y una foto oscura sigue sin vender: el método de una sola ventana está en cómo fotografiar productos con el móvil.
Cuando la página esté lista, lo siguiente es qué pasa después del toque de comprar. El recorrido completo, desde la publicación hasta el pedido escrito, está en cómo vender por Instagram sin página web, y si tus pedidos van a caer en el chat, cómo vender por WhatsApp tiene el mensaje de confirmación que cierra el ciclo.
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