Una ventana, una superficie y seis fotos por producto. El método que hace que una ficha se entienda en miniatura y deje de generar preguntas y devoluciones.
Sailo team10 min de lectura
Haces las fotos por la noche, en la cocina, con la luz del techo encendida. Por eso los boles salen amarillos y la mesa sale naranja, y por eso pasas media hora en el editor intentando arreglar un color que se estropeó en el momento de disparar.
Para fotografiar productos con el móvil solo necesitas una ventana, una superficie lisa y seis fotos por producto. Nada de estudio, nada de aro de luz, nada de fondo infinito. El teléfono que llevas encima hace fotos suficientemente buenas desde hace años; lo que falla casi siempre es la luz y el encuadre, no la cámara.
Nuria hace cerámica en Valencia y vende el bol mediano a 24 €. Sus piezas son buenas. Sus fotos hacían que un esmalte azul cobalto pareciera gris sucio, y durante meses pensó que el problema era el precio.
Luz de día, entrando de lado, en ángulo. No hay más.
Pon el objeto sobre una mesa cerca de una ventana. Colócate de forma que la luz cruce el producto en vez de venir desde detrás de ti, porque la luz frontal aplana todo y elimina la textura, que en cerámica, en tejidos y en comida es justo lo que quieres vender.
La mejor hora es un día nublado a media mañana. Suena raro y es cierto: una nube es un difusor gigante, y la luz de sol directo sobre una pieza brillante crea reflejos que ninguna edición arregla. Si solo tienes sol directo, cuelga una sábana blanca o una cortina fina delante de la ventana.
Un cartón blanco o una hoja A3 en el lado opuesto a la ventana devuelve luz a la parte oscura del objeto. Cuesta cero y es la diferencia entre una sombra que da volumen y una sombra que se traga la mitad de la pieza.
Esto es lo único que se hace en un orden concreto: apaga primero, dispara después.
La mezcla de luces es lo que hace que una foto casera parezca casera. Una bombilla cálida a 2700 K y la luz de una ventana a 6000 K en la misma escena dan un objeto con dos temperaturas de color a la vez, y el móvil no puede corregir las dos. El resultado es una zona amarilla y una zona azul en la misma pieza, y ningún deslizador de balance de blancos lo separa después.
Apaga todo lo eléctrico. Si la ventana no da suficiente luz, no enciendas la lámpara: acerca el objeto a la ventana o espera a mañana.
Un producto necesita seis imágenes. No treinta, y tampoco una.
Seis fotos bien hechas de un producto valen más que dos fotos mediocres de tres productos. Si tienes una tarde, dedícala a un solo artículo, el que más vendes.
De todas las fotos de la lista, la cuarta es la que más dinero te ahorra y la que más gente se salta.
Una pieza de cerámica fotografiada sola no tiene tamaño. Podría ser un cuenco de salsa o una ensaladera. Y si el comprador se equivoca, la pieza vuelve, y una devolución te cuesta el envío de ida, el de vuelta y una pieza que ya no está nueva.
Haz la foto de escala del producto que más devoluciones te genera, no del que más te gusta. Una mano sosteniendo el bol, o el bol al lado de una taza de café estándar. Y escribe las medidas en la descripción igualmente, en centímetros, porque hay gente que mide antes de comprar y esa gente no devuelve nunca.
Una foto de escala cuesta veinte segundos. Una devolución cuesta dos envíos y una pieza rayada.
Compra dos cartulinas A2, una blanca y una gris claro o de un color terroso apagado. Ocho euros como mucho, en cualquier papelería.
Apoya una contra la pared y deja que caiga sobre la mesa formando una curva suave. Esa curva elimina la línea del horizonte y es literalmente lo que hace un estudio de fotografía, solo que en pequeño.
Fondo blanco para la foto principal, porque es la que va en la cuadrícula del catálogo y el blanco hace que todas tus fichas se vean como un conjunto. Fondo de color o superficie con textura, una tabla de madera, un lino, un mármol de cocina, para las fotos de uso.
Lo que no funciona: la encimera de acero inoxidable, que refleja todo, y la mesa de cristal, que muestra el suelo.
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Bloquea la exposición y el enfoque. Toca y mantén el dedo sobre el producto hasta que aparezca el bloqueo. Hazlo sobre la parte clara del producto, no sobre el fondo. Si expones midiendo el fondo blanco, la cámara lo interpreta como una escena demasiado luminosa, baja la exposición, y tu pieza sale gris. Esta es la razón número uno por la que la cerámica blanca sale sucia.
Desactiva el modo retrato para la foto principal. El desenfoque artificial se come los bordes de los objetos con formas irregulares: un asa, un fleco, un mechón. Queda evidente y da desconfianza. Úsalo, si acaso, en la foto de uso, nunca en la de catálogo.
No uses el zoom digital. Acércate tú. El zoom digital recorta píxeles y lo notas justo en el detalle que querías mostrar.
Un cuarto que no es un ajuste: apoya el móvil. Sobre una pila de libros, contra una taza, en un trípode de cinco euros. La mano tiembla más de lo que crees con poca luz, y una foto ligeramente movida se ve mal sin que sepas por qué.
Exposición y temperatura de color. Eso es todo lo que necesita el 90% de tus fotos.
Sube la exposición hasta que el blanco parezca blanco. Ajusta la temperatura hasta que el color del producto coincida con lo que ves con los ojos, con el producto en la mano y la pantalla al lado. Ese es el único control de calidad que sirve.
Lo que hay que evitar: la saturación al máximo, los filtros con nombre, y el contraste alto. Un cliente que recibe un esmalte menos intenso que en la foto se siente engañado aunque la pieza sea perfecta, y esa sensación acaba en una reseña de tres estrellas que no merecías.
Usa el mismo ajuste en todas las fotos de una misma sesión. La coherencia de la cuadrícula importa más que la perfección de una foto suelta.
Tu foto principal se va a ver a unos 150 píxeles de lado en la cuadrícula del catálogo, en un móvil, probablemente recortada a cuadrado.
Eso cambia cómo encuadras. Deja aire alrededor del producto para que el recorte cuadrado no le corte un asa. Centra. Y haz la prueba que casi nadie hace: mira la foto en tu propio móvil reducida al tamaño de una uña. Si a ese tamaño no se entiende qué es, la foto no sirve para la ficha, por bonita que sea a pantalla completa.
Esa foto y el precio son los dos elementos que deciden si alguien se detiene. Qué más va en esa página y en qué orden está en qué poner en el link de la bio.
Fotografía también tu embalaje cerrado, con la caja que usas de verdad. Sirve para la ficha, sirve para las historias, y de paso te obliga a mirar el tamaño real de la caja, que es el número que decide tu coste de envío. La fórmula está en cómo calcular el envío.
Bol mediano, 24 €. Vendía entre 12 y 15 piezas al mes.
Su problema real: fotografiaba de noche después de cerrar el taller, con luz de techo, sobre la encimera de acero. Los azules salían grises, los blancos salían amarillos, y tenía dos o tres mensajes por semana preguntando «¿de qué color es exactamente?».
Cambió tres cosas en una mañana de sábado. Mesa junto a la ventana del taller, luces apagadas, cartulina blanca curvada contra la pared. Cartón blanco al otro lado para rellenar la sombra. Bloqueo de exposición tocando sobre el esmalte, no sobre el fondo.
Fotografió seis piezas, seis fotos cada una. Le llevó tres horas y media, más de lo que esperaba, porque la primera pieza le costó cuarenta minutos y las cinco siguientes veinte cada una. Eso también es información: el método se aprende en la primera y luego va rápido.
Los mensajes sobre el color se acabaron. Las devoluciones por tamaño, que eran una o dos al trimestre, se redujeron cuando añadió la foto con la mano y las medidas escritas. Y las piezas empezaron a verse como una colección en la cuadrícula, porque todas tenían el mismo fondo y el mismo ajuste, que es un efecto que no esperaba y que es probablemente el que más ayudó.
Menos de las que crees.
Seis productos bien fotografiados sostienen una tienda un año. Cuarenta productos con fotos regulares no sostienen nada, porque la cuadrícula se ve desordenada y el comprador no sabe dónde mirar.
Hay un límite práctico que ayuda aquí más de lo que estorba: el plan gratuito de Sailo permite 10 productos y guarda 7 días de estadísticas. Si tienes 45 referencias, vas a tener que elegir 20, y elegir 20 es exactamente el ejercicio que deberías hacer aunque no hubiera límite. El plan Pro cuesta 19 USD al mes o 180 USD al año y sube a 100 productos, un año de estadísticas y exportación en CSV; el plan Business, a 49 USD al mes, quita el límite y baja la comisión de tarjeta al 1%.
Y lo obvio que conviene decir: Sailo no te edita las fotos ni te dice cuál está mal. Sube lo que subas, eso es lo que ve el comprador. La foto sigue siendo trabajo tuyo y sigue siendo la parte de la ficha que más decide.
Elige tu producto más vendido. Un solo producto.
Despeja la mesa junto a la ventana, apaga todas las luces, apoya la cartulina blanca contra la pared y déjala caer. Pon un cartón blanco enfrente de la ventana. Bloquea la exposición sobre el producto. Haz las seis fotos: limpia, 45 grados, detalle, escala, en uso, conjunto.
Edita solo exposición y temperatura. Míralas en miniatura. Si se entienden a tamaño de uña, están.
Después repite con los cuatro siguientes y para. Con cinco productos bien fotografiados ya tienes una tienda que se puede enseñar, y el siguiente trabajo no es fotográfico: es conseguir que alguien la vea, que está en cómo conseguir los primeros pedidos. Si además vendes desde el perfil de Instagram, el recorrido completo hasta el pedido está en cómo vender por Instagram sin página web.
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