Configuración, catálogo, mensaje de confirmación y cobro. Lo que hace que un pedido llegue escrito en vez de repartido en veinte mensajes sueltos.
Sailo team11 min de lectura
Son las diez de la noche y estás subiendo por una conversación buscando el número de casa de alguien. Sabes que lo mandó. Lo que no sabes es si fue antes o después de las cuatro notas de voz sobre el relleno.
Vender por WhatsApp, bien hecho, se reduce a una cosa: que el primer mensaje del pedido contenga el producto, las opciones, la dirección y el total antes de que tú escribas nada. Todo lo demás, el catálogo, las etiquetas, el mensaje de ausencia, existe para sostener eso.
Rafa vende tamales en Monterrey a 28 pesos cada uno, con pedido mínimo de docena. Recibe entre 40 y 60 pedidos por semana, casi todos entre jueves y sábado. Antes hacía tres preguntas por pedido. Eso son más de 150 mensajes a la semana que no tenían por qué existir.
Cuando alguien escribe «hola, quiero pedir», te acaban de entregar un formulario en blanco, y la persona que lo va a llenar no sabe qué necesitas.
Entonces preguntas. ¿Cuántos? ¿De qué? ¿Para cuándo? ¿A dónde? ¿Entrega o recoges? Cada pregunta es un viaje de ida y vuelta, y cada viaje son minutos u horas según si la otra persona está en el trabajo.
Cuenta lo que cuesta de verdad un pedido suelto:
| Paso | Mensajes | Dónde se rompe |
|---|---|---|
| «¿Cuánto?» | 2 | Vuelves a escribir el precio que ya está publicado |
| Elegir | 4 a 8 | Piden un relleno que se acabó ayer |
| Dirección | 2 a 4 | Llega en pedazos, sin referencia |
| Total con envío | 2 | Sumas a las once de la noche y te equivocas |
| Pago | 2 a 5 | Captura de pantalla, y tú revisando el banco |
| Confirmación | 1 o ninguna | Aquí empiezan los reclamos |
Entre trece y veintidós mensajes por pedido, la mayoría tuyos. Compáralo con un solo mensaje que ya dice: 12 tamales, 6 de rajas y 6 de dulce, entrega el sábado en Contry, Monterrey, 336 pesos más 60 de envío, total 396.
Eso lo contestas con cuatro palabras.
Si todavía vendes desde una cuenta personal, cámbiate. WhatsApp Business es gratis, conserva tu número y te da cuatro cosas que valen la pena.
El perfil de negocio. Nombre, categoría, horario, dirección si tienes local, y un enlace. Ese enlace tiene que ir a tu catálogo con precios, no a una lista de botones. Alguien que llega desde tu perfil y aterriza en un menú de opciones tiene que adivinar otra vez. Qué va exactamente en esa página está en qué poner en el link de la bio.
Etiquetas. Marcas de color sobre las conversaciones. Usa exactamente cuatro para empezar: Pedido nuevo, Pagado, Enviado, Problema. No once. Once etiquetas es un sistema que vas a abandonar en dos semanas, y un sistema abandonado es peor que ninguno, porque ahora los colores mienten.
Mensaje de bienvenida y de ausencia. El de bienvenida no es para ti, es para los nervios del comprador. Que conteste las dos cosas que está a punto de preguntar: dónde ver los precios y en cuánto respondes. «Todo con precios aquí: [enlace]. Respondo de 9 a 8. Pedido mínimo: 12 piezas.»
Ese último dato, el pedido mínimo, va en el mensaje automático y no solo en la publicación. La mitad de la gente te escribe porque alguien le reenvió tu número, y esa persona nunca vio la publicación. Si el mínimo aparece recién en el mensaje seis, ya perdiste el tiempo de los dos.
Respuestas rápidas. Fragmentos guardados que disparas con una barra. Zonas de entrega, datos bancarios, tiempos de preparación. Cualquier cosa que hayas escrito dos veces esta semana pertenece a una.
El catálogo integrado es genuinamente útil y genuinamente limitado, y saber cuál es cuál te ahorra frustración.
Lo que hace bien: le muestra a alguien qué existe sin sacarlo del chat, y te deja enviar un producto concreto dentro de una conversación en vez de describirlo. Si vendes ocho cosas sin variantes, puede ser todo lo que necesitas.
Dónde se detiene:
El arreglo al que llega casi todo el mundo: un catálogo corto en WhatsApp con tus más vendidos para quien ya está en el chat, y el catálogo completo con precios en una página que puedes enlazar desde donde sea. Tu biografía de Instagram, tu TikTok, tu volante impreso y tu perfil de WhatsApp apuntando todos al mismo lugar.
Un pedido necesita seis cosas y ninguna más.
El total va en su propia línea porque es la línea que la gente captura y reenvía a quien de verdad paga. En muchas casas la persona que pide y la persona que paga no son la misma, y un total metido en medio de un párrafo se copia mal.
Esta es la parte que resuelve Sailo: pone una página de catálogo delante del chat, y cuando el comprador elige ahí, el pedido llega a tu WhatsApp ya escrito, con producto, opciones, dirección y total. Tu trabajo pasa de interrogar a confirmar. Hay ocho maneras de recibir un pedido y esa es la lista completa: tarjeta, WhatsApp, Telegram, Instagram, correo, teléfono, transferencia bancaria y contra reembolso.
Un correo sobre precios, fotos, envíos y cobrar. Sin publicidad y sin relleno.
Casi todo el mundo lo salta, porque el pedido le parece obvio a quien lo recibió.
Escríbelo igual, y escríbelo tú, con la dirección completa repetida por ti. No un «listo, va». La primera vez que un repartidor toca en la casa equivocada descubres que el comprador te había pasado la dirección de su trabajo el martes y esperaba el paquete en su casa el sábado. Cuando tú repites la dirección, la otra persona la lee, y si está mal, lo dice antes de que salga el paquete.
Un buen mensaje de confirmación tiene esta forma:
«Confirmado: 12 tamales, 6 rajas y 6 dulce. Sábado entre 10 y 12. Calle Roble 214, Contry, entre Encinos y Olmos, portón verde. Total 396 con envío. Te aviso cuando salga.»
Cuatro segundos de escritura. Elimina el reclamo de la dirección, el reclamo de la hora y el reclamo del monto, que son los tres que existen.
«Hola» a secas. Alguien escribe «hola» y espera. Tú contestas «hola», y esperas. El mensaje de bienvenida automático rompe ese ciclo, porque contesta antes de que tú llegues.
Las notas de voz de tres minutos. No pelees contra ellas, la gente pide así y va a seguir pidiendo así. Lo que puedes hacer es contestar por escrito siempre, con el pedido escrito, porque eso convierte la nota de voz en texto y crea el registro que después vas a necesitar.
Responder al instante a todo. Si contestas a las 2 de la mañana una vez, acabas de fijar una expectativa. Publica un horario y cúmplelo, incluido el no contestar fuera de él.
Grupos. Un grupo de clientes se convierte en un lugar donde tus compradores hablan entre ellos sobre tus tiempos de entrega. Usa listas de difusión: el mensaje llega individual, la gente responde en privado, y nadie ve el número de nadie. Una advertencia práctica: la lista de difusión solo llega a quien te tenga guardado en sus contactos, así que en el primer mensaje pídeles que te guarden.
Aquí conviene ser exacto, porque es donde más humo hay.
Transferencia. Manda tus datos como respuesta rápida, siempre iguales, siempre con el nombre del titular de la cuenta. Y no despaches con una captura de pantalla: despacha cuando el abono aparece en tu cuenta. El guion completo para esa conversación, incluida la parte incómoda, está en cómo cobrar por transferencia.
Contra reembolso. El comprador paga en efectivo al recibir. En Sailo, contra reembolso tiene un campo de notas de entrega de texto libre y nada más: el efectivo lo maneja tu repartidor o tú, no Sailo.
Tarjeta. El botón de tarjeta de Sailo funciona sobre Stripe, requiere una cuenta de Stripe aprobada para recibir cargos. Sailo cobra 1–3% sobre el valor de los productos después de descuentos, sin contar envío ni impuestos, y el dinero llega directo a tu cuenta de Stripe. Un dato que decide el asunto en buena parte de la región: en agosto de 2026 la página de países de Stripe listaba a Brasil y México como los únicos países latinoamericanos donde se puede abrir cuenta. Si vendes desde Colombia, Argentina, Chile o Perú, el plan más caro no te va a activar el botón. Revisa stripe.com/global, porque la lista cambia.
En todos los medios que no son tarjeta, Sailo no cobra nada y nunca toca el dinero.
Lo que no existe: no hay integración con SPEI, ni con Mercado Pago, ni con billeteras. Puedes escribir tu CLABE, tu alias o tu número de billetera en el campo de instrucciones de la transferencia, que es texto libre, y confirmar tú el pago cuando lo veas. Funciona, mucha gente cobra así, pero es una solución manual y no una función.
50 pedidos por semana, docena a 336 pesos, envío 60. Casi todo entre jueves y sábado.
Con tres preguntas por pedido estaba escribiendo unos 150 mensajes semanales de puro interrogatorio, concentrados en las horas en que también estaba cocinando. Dos veces al mes se le colaba un error de suma o una dirección mal copiada, y cada uno de esos le costaba un viaje extra del repartidor.
Puso el catálogo con los cuatro rellenos, el mínimo de 12 escrito arriba, el envío por zona, y el enlace en el perfil de WhatsApp y en la biografía de Instagram. Configuró cuatro etiquetas y tres respuestas rápidas.
Los pedidos ahora llegan escritos. Su trabajo por pedido son dos mensajes: la confirmación con la dirección repetida y el aviso de salida. Los errores de suma se acabaron, porque él ya no suma. Los viajes extra no desaparecieron del todo, pero pasaron de dos al mes a uno cada dos meses.
WhatsApp es un canal excelente y un sistema pobre. No te dice cuántas personas vieron tu precio y no compraron. No guarda un historial de pedidos que puedas ordenar. No te avisa que un cliente lleva tres meses sin pedir.
Y la limitación que hay que tener presente antes de montar todo esto: en los medios de pago manuales, tú confirmas. Sailo no está conectado a tu banco y no puede saber que una transferencia llegó. Cuando marcas un pedido como pagado es porque abriste la aplicación del banco y lo viste. Si te vas de viaje, nadie lo hace en tu lugar.
Hoy: cámbiate a WhatsApp Business, escribe el mensaje de bienvenida con el enlace y el pedido mínimo, y crea las cuatro etiquetas.
Esta semana: arma el catálogo con precios y ponlo en el perfil. Guarda tres respuestas rápidas, las tres cosas que más escribes.
Después de eso, el número que más margen te está comiendo sin que lo notes es el envío. La fórmula del peso volumétrico y las preguntas que hay que hacerle a la mensajería están en cómo calcular el envío. Y si tu tráfico viene del perfil y no del chat, el recorrido completo está en cómo vender por Instagram sin página web.
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