Peso volumétrico, zonas, tarifa plana y umbral de envío gratis. Cómo poner un número que cubra el costo real y no espante al comprador en el total.
Sailo team11 min de lectura
Cobraste 12.000 de envío. La guía te salió en 21.500. Y el pedido era de 45.000, así que ese día trabajaste para la transportadora.
El costo de envío se calcula sobre el mayor entre el peso real y el peso volumétrico, dentro de una zona. Eso es todo el asunto. Lo demás es decidir cuánto de ese número le pasas al comprador y cuánto absorbes tú. Ninguna de las dos partes se puede hacer bien sin la tabla de tarifas de tu transportadora en la mano, y esa tabla se pide, no se adivina.
Andrés vende plantas de interior en Medellín. La maceta mediana cuesta 45.000 pesos y es su producto más pedido. También es el que más problemas le dio, porque una planta pesa poco y ocupa muchísimo.
Las empresas de envío cobran por espacio, no por peso, porque lo que se les acaba en el camión es el volumen. Para eso usan el peso volumétrico.
La fórmula es siempre la misma forma:
peso volumétrico = (largo × ancho × alto en cm) ÷ divisor
Y te cobran el mayor entre ese número y el peso real en la balanza.
El divisor es la parte que hay que preguntar. Cambia por empresa, y suele cambiar entre envíos nacionales e internacionales dentro de la misma empresa. Los valores que se usan en la industria andan por el orden de los miles, pero no supongas el tuyo: pídelo por escrito, porque la diferencia entre un divisor y otro puede ser el 25% de tu costo.
Con la caja de Andrés, de 30 por 30 por 40 centímetros:
| Divisor | Peso volumétrico | Peso real |
|---|---|---|
| 4000 | 9 kg | 2,1 kg |
| 5000 | 7,2 kg | 2,1 kg |
| 6000 | 6 kg | 2,1 kg |
Le cobran entre 6 y 9 kilos por algo que pesa dos. Por eso su primera tarifa, calculada con la báscula del baño, estaba mal desde el primer día.
No es cobrar poco. Es cotizar bien y despachar en una caja más grande de la que cotizaste.
Mide la caja cerrada, con cinta, y después de meterle el relleno. El relleno es exactamente lo que convierte una caja de 20 centímetros en una de 26, y esos 6 centímetros en el lado largo se multiplican por los otros dos lados en la fórmula. Mide también la parte que sobresale, si el empaque tiene un asa o una tapa que no cierra plana, porque en el mostrador miden con la cinta métrica por fuera.
Cotiza con la caja que vas a usar de verdad, no con el producto desnudo sobre la mesa.
Antes de fijar cualquier tarifa, consigue estas tres respuestas por escrito. Un correo sirve.
Agrega una cuarta si vendes algo frágil o perecedero: qué pasa con la devolución cuando el destinatario no recibe, y quién paga el trayecto de regreso. Casi siempre lo pagas tú, y casi nunca está en el primer correo que te mandan.
La tentación es armar una tabla perfecta con cada ciudad. No lo hagas. Una tabla de quince filas es una tabla que no vas a actualizar y que el comprador no va a leer.
Tres zonas alcanzan para casi todo el mundo:
Para cada zona necesitas dos números: cuánto cobras y en cuántos días llega. El segundo importa tanto como el primero. Un comprador que espera dos días y recibe en cinco te escribe tres veces; uno al que le dijiste cinco y recibe en cinco no escribe nunca.
Pon esos seis números en la página, arriba, no escondidos en un pie de página. El costo de envío que aparece recién al final es el asesino silencioso de pedidos: la persona ya decidió comprar y el número la hace reconsiderar todo. Dónde va exactamente ese bloque está en qué poner en el link de la bio.
Tres maneras de cobrarlo y cada una sirve para algo distinto.
Tarifa plana por zona. Un número fijo. Es fácil de comunicar y fácil de calcular, y es lo correcto para la mayoría de la gente que empieza. La regla para fijarlo: toma el costo del pedido más caro que despachas con frecuencia, no el promedio. Si tu tarifa plana está calculada con el promedio, cada pedido grande te resta.
Tarifa real. Cobras lo que te cobran. Es justo y es un dolor de cabeza, porque tienes que cotizar antes de confirmar y eso mete una espera en medio de la venta. Vale la pena cuando tus productos varían mucho de tamaño.
Incluido en el precio. Subes el precio del producto y dices envío gratis. Funciona bien cuando el envío es una fracción pequeña del producto y todas tus ventas van a zonas parecidas. Funciona mal cuando alguien de una zona lejana pide el producto más barato, porque ahí acabas de regalar el margen completo.
La combinación que usa mucha gente: tarifa plana por zona, más un umbral de envío gratis por encima de cierto monto.
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Aquí hay una cuenta concreta y vale la pena hacerla en papel.
Digamos que tu margen bruto es del 45% y tu envío promedio te cuesta 14.000. Para que el envío gratis no te cueste dinero, el margen del pedido tiene que cubrir esos 14.000. Es decir, necesitas un pedido de al menos 14.000 ÷ 0,45, que son unos 31.000, solo para empatar.
Empatar no sirve. Pon el umbral bastante por encima, en un punto que además obligue a agregar algo: si tu producto estrella cuesta 45.000, un umbral de 90.000 empuja al segundo producto y te deja un margen real. Un umbral de 50.000 solo regala el envío a quien ya iba a comprar.
Y revisa el número cada vez que cambies de empaque o de transportadora. Un umbral que era rentable en marzo puede no serlo en agosto.
Tres costos que casi nunca entran en la cuenta del vendedor pequeño:
Una decisión que ahorra más de lo que parece: estandariza en dos tamaños de caja, uno pequeño y uno grande, y diseña tus productos y tus combos para que quepan en uno de los dos. Con dos tamaños tienes dos costos de envío conocidos y se acabó el cálculo por pedido.
Si cobras en efectivo contra entrega, el envío no es tu único costo. Hay tres más: la comisión de recaudo de la transportadora, el porcentaje de paquetes que nadie recibe, y el trayecto de regreso de esos paquetes.
Ese tercero es el que sorprende. Un paquete rechazado suele costarte el envío de ida, el de vuelta, y a veces el recaudo igual. Un producto de 45.000 puede dejarte 30.000 en negativo cuando no lo reciben. Las cuentas completas, incluido cómo bajar la tasa de rechazo, están en contra reembolso para vendedores.
En Sailo, el contra reembolso es un método de pago con un campo de notas de entrega en texto libre, y hasta ahí llega. El efectivo lo maneja tu repartidor o tu transportadora, nunca Sailo, y la comisión de recaudo es un acuerdo entre tú y ellos. Sailo tampoco te avisa cuando el paquete se entregó: eso lo sabes por el rastreo de tu transportadora o porque el cliente te escribe.
Los números que le cotizaron a él, en su ciudad, con su transportadora. Los tuyos van a ser otros y por eso hay que pedir la tabla.
Maceta mediana: 45.000. Caja de 30 × 30 × 40, peso real 2,1 kg, peso volumétrico entre 6 y 9 kg según el divisor. Costo de envío a Bogotá que le cotizaron: 21.500. Él cobraba 12.000, un número que se le había ocurrido mirando lo que cobraba otra tienda.
Estaba perdiendo 9.500 por cada envío fuera de Medellín. Con unos 18 pedidos mensuales fuera de la ciudad, eso son 171.000 al mes saliendo por un número que nunca calculó.
Lo que hizo: cambió a una caja de 28 × 28 × 35 poniendo la planta de lado con el cepellón envuelto, lo que le bajó el volumétrico. Armó tres zonas con tarifa plana: Medellín 8.000, ciudades principales 19.000, resto 27.000. Y puso envío gratis desde 110.000, que en su catálogo son dos macetas medianas o una grande.
Dos efectos. Dejó de perder dinero en cada envío nacional. Y el ticket promedio subió, porque la gente que iba por una maceta miraba el umbral y agregaba una segunda, o un accesorio de 30.000 para no pagar el envío. El envío gratis funciona menos como descuento y más como empujón.
Lo que no funcionó: los primeros dos meses siguió despachando con la caja vieja cuando se le acababa la nueva. Cotizar con una caja y despachar con otra es exactamente el error del que hablamos arriba, y le costó unos cuantos pedidos antes de comprarse el inventario de cajas de una sola vez.
El número del envío lo pones tú. Ninguna herramienta pequeña va a llamar a tu transportadora en tu ciudad para saber la tarifa de esta semana, y las que dicen que sí suelen estar mostrando una tabla desactualizada.
Lo que sí puedes automatizar es el resto del pedido. En Sailo, el pedido llega escrito con el producto, las opciones, la dirección y el total, lo que quiere decir que cuando llega ya sabes a qué zona va y no tienes que preguntar. Eso convierte el cálculo de envío en algo que haces una vez al mes cuando revisas tarifas, en vez de algo que haces por pedido a las once de la noche. Cómo se arma ese pedido está en cómo vender por WhatsApp.
Un aviso que no es de logística. Si vendes a otro país, entran aranceles, impuestos de importación y declaraciones aduaneras, y esas reglas cambian por país, por producto y por valor declarado. No las improvises con lo que leíste en un blog: pregunta en la aduana de tu país o con un agente de carga antes de mandar el primer paquete internacional.
Mide tu caja más común, cerrada y con relleno. Escríbele a tu transportadora y pide las tres respuestas: divisor, zonas y condiciones del recaudo. Con eso arma tres tarifas planas y un umbral de envío gratis calculado con tu margen, no con lo que cobra el vecino.
Después pon los seis números en tu página, arriba, donde el comprador los vea antes de armar el pedido. El resto del recorrido, desde la publicación hasta el pedido escrito, está en cómo vender por Instagram sin página web.
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